26 de junio de 2013

El valor de las medallas de los vinos

En los últimos diez días debo haber leído unos cinco artículos o post relacionados con concursos de vinos y premios otorgados a los mejores caldos. Desde luego, desde un punto de vista comercial y de marketing, para una bodega resulta muy atractivo obtener un premio en un concurso, hasta el punto que muchos de los vinos premiados no dudan en lucir dichos premios en sus etiquetas. Sin embargo, la proliferación de este tipo de concursos podría restar efectividad, que no mérito, a los premios y medallas conseguidos. De hecho, este tipo de medallas y premios podrían dejar de ser un factor diferenciador si abundan en exceso, por lo que a las bodegas podría no compensarles los esfuerzos realizados para conseguirlas. La cuestión es, este tipo de premios y medallas, ¿sirven para algo?



Imagen-Best-Wine-Awards-2013


El pasado mes de mayo supimos que España fue el país más galardonado con la Gran Medalla de Oro en el Concurso Mundial de Bruselas de 2013. Sin duda alguna, este concurso es un referente del sector vinícola, y las medallas y premios obtenidos otorgan un enorme prestigio a los vinos ganadores. En la edición de este año compitieron 8.200 vinos procedentes de 50 países. El jurado del concurso está compuesto por más de 300 reconocidos expertos procedentes del todo el sector (desde sumilleres a importadores, pasando por periodistas o distribuidores).

Desde mi punto de vista, un dato muy curioso de este concurso es el elevado número de vinos premiados, puesto que este año se han otorgado un total de 2.408 medallas. Meritoriamente, España obtuvo 524 medallas (segundo puesto por detrás de Francia, que obtuvo 709) y, en entre ellas 24 Gran Medallas de Oro, siendo el primer país en esta categoría.

Además, un aspecto diferenciador de este concurso es que los vinos premiados en este concurso ocupan parte del centro de atracción de Vinexpo en Burdeos, donde se realiza una cata de algunos de los unos vinos premiados. Además, también ocupan un lugar especial en el salón Megavino (el salón de vinos del Benelux) y en la Feria Internacional del Vino de Hong-Kong. Vamos, que en cierta medida, los vinos premiados reciben una atención especial en diferentes ferias del sector, lo de nuevo avala la calidad de los premios y medallas concedidas.

A nivel internacional, otros premios de relevancia son los Decanter World Wine Awards y que, probablemente, constituyen la competición de vino más grande del mundo. En este caso, el jurado está integrado por más de 200 expertos, incluyendo 54 "Master of Wine". En la edición de este año se cataron más de 14.000 vinos, a los que se ha concedido casi 6.000 medallas: menos de un 2 % son medallas de oro, un 11 % medallas de plata y un 29 % medallas de bronce. Vamos, que alrededor del 40 por ciento de los vinos obtiene una medalla. 

Cabe destacar este año el papel de Bodegas Barbadillo, que ha obtenido diez medallas, una medalla de oro, dos de plata y siete de bronce.

Pero, ¿qué ocurre con el resto de concursos?. Como te comentaba al principio del post, los concursos y premios de vino proliferan tanto a nivel internacional como nacional. En el primer caso cabe destacar, por ejemplo, el premio que otorga la Unión de Enólogos de Francia, y que ha elegido un vino de las bodegas Ramón Bilbao como el mejor rosado del mundo. El mérito del premio radica en que el vino competía con más de 1.000 muestras de 28 países diferentes. En el segundo caso, a nivel nacional, tenemos concursos como el Concurso Nacional de Vinos Ecológicos de Estella, el Concurso Internacional de Vinos y Espirituosos (Cinve) de Valladolid, los Premios Empresariales del Vino y la Distribución que concede el periódico Mercados del Vino, o los prestigiosos premios Zarcillo organizados por la Junta de Castilla y León.

El papel de las medallas del vino.


Aunque lo hemos explicado en alguna ocasión el vino es un producto de experiencia, del que no sabemos su calidad hasta que lo hemos comprado y consumido. Esta característica del vino dificulta el proceso de decisión de compra, puesto que no podemos comparar las diferentes alternativas que se nos ofrecen.

Por eso, las bodegas utilizan diferentes señales que nos ayudan a inferir dicha calidad. Una de esas señales pueden ser las medallas o premios obtenidos por el vino en un concurso. La lógica es sencilla: si un vino ha recibido un premio en un concurso quiere decir que para un jurado, cabe esperar que experto en vinos, ese vino es mejor que los otros con los que competía. Por eso, como consumidores podemos sentirnos tentados a comprar los vinos que han obtenido un premio en un concurso frente a otros que no lo han obtenido.

Sin embargo, la proliferación de concursos y premios provoca que existan multitud de vinos premiados, lo que reduciría la capacidad discriminatoria de los mismos. Evidentemente, no es lo mismo una medalla obtenida en el Concurso Mundial de Burdeos o un Zarcillo que una medalla obtenida en un concurso regional. Pero ¿es capaz el consumidor de diferenciar entre este tipo de concursos?

Si las medallas, aparte de un reconocimiento a la bodega, pueden ayudar a facilitar la elección del consumidor, ¿ahora hay que discriminar el tipo de medalla? Un consumidor normal no sabe qué premios o concursos son relevantes. De hecho, ¿qué hace que un concurso, premio o medalla sea relevante? ¿Su tradición?, ¿su reputación?, ¿el jurado?, ¿el número de vinos a concurso?, ¿el prestigio del organizador? Probablemente sea una conjunción de todos esos factores, pero un consumidor estándar, no experto en vinos, probablemente no será capaz de diferenciar uno de otro.

Y todo ello sin mencionar, siquiera, que los miembros de los distintos jurados podrían no tener criterios similares, puesto que como se ha comprobado muchas veces las puntuaciones de críticos y sumilleres son, por su propia naturaleza, subjetivas.

Aún así, no debemos despreciar la capacidad de estas medallas y premios para actuar como un argumento más de venta de las bodegas, puesto que muchos consumidores se pueden guiar por las mismas en sus procesos de decisión. De hecho, hace poco encontré por la red una iniciativa muy original y curiosa. Se trata de una tienda online: www.vinosconmedalla.com cuyo surtido se compone de vinos de calidad que cuentan con la “garantía” de haber sido premiados en alguno de los mejores concursos europeos: Bacchus, Concurso Mundial de Bruselas, Decanter o Mundus Vini. Tal y como se señala en la web: cuando se compra una botella en vinos con medalla, normalmente se está premiando a pequeñas bodegas que llevan su pasión y amor por el mundo del vino en su código genético, alejados de los grandes circuitos comerciales y preocupados solo por hacer un buen trabajo, continuar muchas veces con la tradición familiar y conseguir arrancar de tus labios un "qué bueno es este vino".

Pues eso, me quedo con el final. Cuando pruebes un vino se trata de que te digas a ti mismo: "qué bueno es este vino". Si tiene medalla bien, pero si no la tiene recuerda que ningún concurso, por prestigioso que sea, te puede quitar dicho placer.

Un saludo,
Ricardo



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