20 de mayo de 2015

De enoturismo por la Toscana

Desde hace unas semanas me encuentro viviendo en Florencia, la capital de la Toscana. Sin duda alguna, el vino aquí tiene una dimensión especial, sin olvidar que representa una de las cunas mundiales del enoturismo. En este post, te voy a contar algunas de mis experiencias al respecto.

Imagen-Toscana-Viña

El OEMV se hacía eco recientemente de las últimas estadísticas relativas a las exportaciones de vino, en las que se comparaba la evolución de las exportaciones españolas e italianas en los últimos años  . En concreto, el OEMV ponía el acento en cómo hace diez años Italia exportaba mucho más granel que España, pero como ha abandonado esa senda en una apuesta decidida por el embotellado y, sobre todo, por poner en valor dicho embotellado. Como muy acertadamente señala José Luís Murcia en El Correo delVino, no es solo que España venda mucho granel a bajo precio (lo cual es un problema) sino que el valor del embotellado también presenta niveles muy inferiores con relación al precio por litro al que son capaces de vender los países de nuestro entorno (especialmente, Francia e Italia). 

Coincidencia o no, me encuentro en Italia desde inicios del pasado mes de abril. Aquí estaré hasta finales de junio haciendo una estancia docente y de investigación en la Universidad de Florencia. En concreto, invitado por el Unicesv (Centro Universitario de Investigación para el Desarrollo Competitivo del Sector Vinícola) estoy aquí abriendo una línea de investigación conjunta en la que pretendemos comparar el desempeño económico de las bodegas españolas e italianas, y encontrar algunas de las claves que expliquen las diferencias entre ambas.
Imagen-Chianti-Clasico

En un intento por conocer mejor la actividad de las bodegas, he estado visitando varias de ellas en estas últimas semanas. Algunas visitas las he hecho en tours organizados y otras por mi cuenta. 

En cuanto a las visitas organizadas, el hecho de que Florencia reciba cada año millones de turistas ha facilitado la creación de una industria auxiliar que se encarga de la organización de estas visitas. Algunas visitas a bodegas se organizan como parte de una excursión que incluye también otros puntos de interés turístico, mientras que otras se centran exclusivamente en la visita de bodegas. Los precios de estas excursiones empiezan en el entorno de los 40 euros y pueden alcanzar los 150 euros, según el tipo de visita. Aunque los guías hablan varios idiomas, la lengua vehicular de la visita en la bodega siempre ha sido el inglés. Tras una breve (o muy breve) explicación del proceso de elaboración se pasa a la sala de cata, donde se prueban entre tres y siete vinos según la bodega, siempre acompañados por algún embutido de la zona. En todas hemos podido probar también aceites y vinagres (que las propias bodegas elaboran y venden como parte de su estrategia de diversificación). Al lado de la copa (sólo nos daban una) siempre me he encontrado una hoja de pedidos, donde se puede marcar el vino que se quiere comprar, para llevárselo en ese momento o para que lo envíen directamente a tu casa (door-to-door). Los precios marcados son en destino y los vinos se distribuyen en cualquier parte del mundo desde EEUU a Japón. En general, visitas casi exprés, con un público normalmente poco entendido en vinos que busca beber y comer algo pero, sobre todo, pasar un buen rato. Personalmente, algunos de los precios me han parecido bastante elevados para la calidad del vino. Eso sí, la mayoría de turistas de EEUU y Japón terminaban comprando alguna botella para llevarse en mano o formalizando el pedido de alguna caja para recibirla cuando vuelvan  sus países de origen. 

Imagen-Visita-Enoturismo

En las visitas individuales ha habido un poco de todo. Desde bodegas que requerían una cita previa hasta bodegas con un sistema drop-off donde te dejas caer y te apuntas a la visita. En general, con más o menos organización, siempre he podido degustar algún vino. En algunas se puede hacer una visita gratis que no incluye degustación. En las que se incluye la degustación he pagado precios que van desde 10 a 25 euros. En este tipo de visitas me he encontrado con gente más introducida en el mundo del vino, que quiere conocer los procesos elaboración y las singularidades de las bodegas. Eso sí, proporcionalmente, compraban menos vino que los anteriores.

En este segundo tipo de visitas he podido conocer mejor y más detenidamente la situación a la que se enfrentan y algunas de las estrategias de marketing que desarrollan. De momento, estoy tratando de poner todas estas ideas en orden en la memoria de investigación que me encuentro realizando. En breve, espero poder también compartir contigo algunas de estas conclusiones aquí en el blog. 

Simplemente un anticipo. Todos los bodegueros con los que he podido hablar terminaban con una reflexión que me suena mucho: "Reconocen" que sus vinos son iguales e incluso mejores que los franceses pero que no saben cómo venderlos al precio que lo hacen ellos. Vamos, lo mismo que nos pasa a nosotros con Italia y que nos acaba de recordar el OEMV. A ver si el año que viene me toca ir a Francia...

Un saludo,
Ricardo