24 de septiembre de 2014

El poder de mercado en el vino

De forma muy básica, se puede definir el poder de mercado como la capacidad que tienen una o varias empresas para manipular y fijar los precios en beneficio propio. Normalmente, la consecuencia del poder de mercado es que los precios que finalmente se fijan para el intercambio de bienes y servicios se alejan de aquellos que vendrían determinados si las condiciones de partida fuesen las de competencia perfecta. Aunque muchas veces se analiza el poder de mercado por sus implicaciones sobre el consumidor final, también resulta interesante analizar este aspecto en las relaciones comerciales que se dan a lo largo de la cadena de suministro. En el caso del sector vinícola español, ¿se dan las condiciones para que podamos hablar de la existencia de poder de mercado?

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Cuando el intermediario “le aprieta” al bodeguero


El análisis de la competencia, el poder de mercado y la gestión de las relaciones comerciales a lo largo la cadena de suministro son cuestiones que han dado lugar a multitud de artículos de opinión, artículos de investigación e, incluso, hasta tesis doctorales. Ello es debido a sus importantes implicaciones sobre las condiciones finales que rigen los intercambios comerciales entre las diversas partes afectadas. El sector vinícola, no es ajeno a este debate, puesto que las relaciones comerciales que se establecen entre los diferentes actores que delimitan la cadena de suministro (desde el viticultor que cultiva la uva hasta el establecimiento detallista que vende el vino) resultan, hasta cierto punto, asimétricas.

Así, una parte del sector bodeguero ha manifestado en repetidas ocasiones su disconformidad con las condiciones comerciales que plantean algunos intermediarios. No podemos olvidar la importancia que tienen las grandes cadenas de hipermercados y supermercados en la distribución de vino, ya que constituyen el establecimiento elegido por muchos consumidores para hacer sus compras. Dado que estos intermediarios constituyen auténticos “mastodontes” con numerosos puntos de venta, a veces terminan imponiendo unas duras condiciones a las bodegas que quieren vender vino en sus establecimientos. Estas condiciones implican desde la negociación a la baja de los precios hasta aplazamientos en el pago de facturas que muchas veces no tienen una justificación clara. Sería algo así como: “Si quieres vender tu vino en mis más de 1.000 supermercados éstas son las condiciones. O las tomas o ya vendrá otro a servirme el vino”.

Evidentemente, y aunque a veces es el consumidor quien sale ganando al poder comprar el vino más barato de lo que lo haría si el distribuidor no actuase tan agresivamente con el bodeguero, este tipo de actuación no es el adecuado, porque casi siempre supone que los beneficios se reparten de forma asimétrica entre bodeguero y distribuidor. En este punto, no se puede olvidar el esfuerzo que han hecho algunas Administraciones para tratar de revertir esta situación y evitar, en la medida de lo posible, la imposición de condiciones abusivas por parte de los grandes grupos de distribución.

Cuando el bodeguero “le aprieta” al viticultor


El problema sobre el que quiero reflexionar aquí es el de las relaciones que se dan entre el viticultor (agricultor) y el bodeguero. Este fin de semana, releyendo algunos artículos en internet, he encontrado tres notas en el portal Vinetur que me han hecho reflexionar sobre la situación del sector vinícola y, especialmente, en torno al precio que pagan las bodegas por la uva que compran a los agricultores.

Como bien indica Javier Escobar en su post “¿Pagar la calidad? Sí pero…” básicamente lo que ocurre es que: “Hay un señor -el viticultor- que produce uva y se la vende a un cliente -el bodeguero- a un precio competitivo y que sea rentable para él; a su vez, el bodeguero debe quedar satisfecho”. Para el viticultor los aspectos clave de la frase anterior son: “un precio competitivo” y “rentable”. Para el bodeguero, la satisfacción se alcanza si compra a precio competitivo una uva con la calidad que requieren los vinos que va a elaborar.

Pues bien, las notas que te mencionaba hacen referencia al establecimiento de los precios a los que los bodegueros pagan al viticultor la uva o, dicho de otra manera, al precio al que vende la uva el viticultor al bodeguero. Eso sí, dado que las notas están fechadas a principios de mes la cosa puede haber cambiado algo.

  • La primera nota hace referencia a que los precios que pagará Félix Solís por la uva tinta con D.O. este año serán un 17,11% inferior a los del año pasado. 
  • La segunda nota recoge una queja de la Mesa de Productores de la D.O. Valdepeñas en la que se indica que la Bodega Los Llanos (del grupo García Carrión) publica de forma unilateral la tablilla de precios para la uva tinta de esta campaña, lo que se considera una "situación ilegal" en la compra de la uva, al considerar que supone una "actuación unilateral por parte de la bodega al margen de cualquier ley que regule los mercados". 
  • La tercera nota hace alusión a que la asamblea de la Mesa de Productores de la D.O. Valdepeñas ha decidido entregar la uva a las bodegas pero, de forma paralela, presentar una denuncia colectiva por nulidad de contrato. 

En la práctica, la existencia de un grupo reducido de empresas con elevadas cuotas de mercado provoca la existencia de situaciones de poder de mercado que pueden dar lugar a comportamientos restrictivos de la competencia. Dado que la competencia perfecta no es la norma en la mayoría de los mercados, estaría bien que las autoridades vigilasen el comportamiento de las diversas partes afectadas, puesto que de lo contrario se corre el riesgo de pensar que, en vez de proteger los intereses generales, se defienden las posiciones de determinados actores de la cadena de suministro.

En este caso, tengo la sensación de que algunas bodegas de gran tamaño pueden estar actuando contra los viticultores tal y como las bodegas pequeñas denuncian que actúan los grandes intermediarios contra ellos. Aunque siempre he defendido la importancia del tamaño a la hora de desarrollar las actividades comerciales de forma óptima (recuerda este post en el que te ponía algunos ejemplos de asociaciones de bodegas y D.O. para aumentar la efectividad de sus acciones de marketing), los agricultores deberían tratar de mejorar su capacidad de negociación a través de un mayor tamaño, ya sea mediante la constitución de cooperativas de primer grado, segundo grado, o cualquier otro mecanismo análogo.

De todas formas, y aunque se ha avanzado mucho en este aspecto en los últimos años, no resulta fácil tratar con organizaciones perfectamente entrenadas para la negociación y con un amplio poder de mercado. Por eso, como recoge José Luís Martínez en El Correo del Vino en palabras del propio alcalde de Valdepeñas, un pequeño gesto por parte de los bodegueros tampoco estaría de más.

Un saludo,
Ricardo