3 de abril de 2013

Me ha gustado un vino con tapón de rosca. Perdón.


Hace unos meses, por fin tuve la ocasión de probar un vino que me trajo una amiga de Alpera (Albacete). Después de muchos meses oyéndola describir las virtudes de un vino blanco de su tierra "que además de estar muy bueno está muy bien de precio", le encargué una caja de seis botellas. Al poco tiempo me trajo la caja y esperé una buena ocasión para atacar la primera botella. Cuando con el arrocito preparado y el sacacorchos en la mano fui a abrir la botella debo reconocer que algo de decepción sentí: sólo entonces me di cuenta de que el vino tenía un tapón de rosca. No podía estropear la ocasión, así que dejando todos mis prejuicios de marketing de lado probé el vino. Sinceramente, me encantó! Me pareció un vino muy equilibrado y con un grado de acidez justo que maridaba a la perfección con el arroz que habíamos preparado. Lo dicho, un vino con tapón de rosca que estaba buenísimo. La duda que me asaltó fue, ¿a quién tengo que pedir perdón porque me guste un vino con ese sistema de cierre?





En los últimos años hemos asistido a un profundo debate en torno al sistema de cierre de los vinos. Especialmente, desde la irrupción y proliferación de los tapones sintéticos mucho se ha escrito y debatido sobre las ventajas e inconvenientes de ambos tipos de tapones.

No podemos olvidar que España es una potencia mundial, junto con Portugal, en la producción de tapones de corcho natural. Los extensos bosques de alcornocales del suroeste de la península, que suponen un 25% del total mundial, nos convierten en un país productor de primer orden. De hecho, el sector del corcho facturó en 2012 alrededor de 350 millones de euros, de los que el 50% corresponden a la exportación. España, posicionada como la segunda potencia mundial, produce anualmente unos 3.000 millones de tapones para vinos y cavas, de los cuales 1.700 millones se destinan a vinos tranquilos y el resto a espumosos.

A pesar de las virtudes del corcho, su elevado precio y cada vez mayor escasez, junto con algunos problemas sensoriales derivados de su empleo, están provocando que muchas bodegas impulsen el desarrollo de sistemas alternativos de cierre. Esta tendencia resulta todavía más acusada cuando los vinos se destinan a la exportación.

En concreto, se estima que el consumo anual mundial de tapones para vinos tranquilos supera los 18.000 millones de unidades, de los que aproximadamente el 70% corresponde a tapones de corcho, el 20% a tapones sintéticos o de plástico y el resto a tapones de rosca.

El tapón sintético


La irrupción de los tapones sintéticos ha aportado una mayor diversidad a las posibilidades de cierre del vino, y los responsables de marketing de las bodegas no han permanecido ajenos a dichas posibilidades. Fundamentalmente, destacaría dos:
  • Desde un punto de vista técnico, debe quedar claro que, según explican desde Nomacorc, “contrariamente a lo que se cree, el tapón sintético no es totalmente hermético. Cada modelo tiene una tasa de permeabilidad. Si se sabe jugar con esa tasa de oxígeno se puede lograr que el vino evolucione de forma planificada”.
  • Desde un punto de vista estético, este tipo de tapones sintéticos permite la utilización de una amplia gama colores, lo que se traduce es unas mayores posibilidades de personalización del vino. De hecho, todavía recuerdo cuando abrí por primera vez un vino de la D.O. Rueda con un tapón sintético verde, lo que me llevó a una clara asociación con la uva verdejo. Me pareció una buena idea y muy original. Por supuesto, me guardé el tapón y todavía lo tengo en el baúl de los recuerdos.

A pesar de sus virtudes, todavía existe una corriente de expertos que defiende a capa y espada los tapones de corcho natural. Quizás, lo que subyace aquí es más una cuestión de tradición que una cuestión técnica. Ahora bien, ¿te imaginas un Pingus o un Romanée Conti con un tapón sintético? Vale, yo tampoco. Pero para otro tipo de vinos, ¿por qué no?

Además, un aspecto a tener en cuenta es que el coste de un tapón de corcho natural es bastante elevado, sobre todo con relación a los vinos de un nivel de precio medio y bajo. Por eso, es muy habitual que en este tipo de vinos encontremos tapones de corcho colmatados o aglomerados, mucho más económicos. Puestos a no utilizar un tapón compacto de corcho natural, ¿por qué no usar uno sintético? De hecho, ¿tú qué prefieres?, ¿un vino con un tapón colmatado o aglomerado, o un vino con un tapón sintético? Estéticamente diría que prefiero el sintético, pero estoy casi seguro que técnicamente puede ser incluso mejor también.

El tapón de rosca 


Es cierto que un tapón de rosca es otra cosa. Aquí nos encontramos con una barrera psicológica que puede ser más difícil de superar. Si antes mencionaba la tradición del corcho natural, ¡qué vamos a decir de la tradición del sacacorchos! Existe un gran tradición de utilizar un sacacorchos y en el caso de un vino con un tapón de rosca el consumidor puede sentirse "algo perdido".

Por eso, me ha parecido muy atrevida y original la apuesta de la Bodega Prado Rey de la D.O. Ribera del Duero con su vino Lía, el primer blush rosé y vino con tapón de rosca de la D.O.
Según su enólogo, Francisco Martín San Juan: “Somos la primera bodega de Ribera del Duero que ha introducido el tapón de rosca”. “El consumidor ha cambiado y, junto con nuestra filosofía de introducir productos nuevos, queremos acceder a un consumidor fresco y dinámico que busca cosas novedosas, no la tradición estricta. Por ello apostamos por el tapón de rosca para nuestro vino ‘Lía’, porque es algo que no se ha visto antes y, aunque se genere polémica, habrá que aceptarlo y hablar de ello”.


Vino Lia - Bodegas Prado Rey
Fuente: www.pradorey.es/es/184/lia-de-pradorey

Lo que está claro es que el tapón de rosca no vale para todos los vinos. En el caso de los vinos de crianza el corcho aporta una madurez más rica, ya que el vino termina de asentarse en la botella ayudado por él. Sin embargo, en vinos más jóvenes, como los blancos o rosados, el corcho no es necesario y es suficiente cerrarlo con un tapón sintético o con un tapón de rosca.

La cuestión es, ¿conseguirán vencer a la tradición? Y tú, ¿qué tipo de cierre prefieres?

Un saludo,
Ricardo